Desde el inicio, los socios detrás de este proyecto tenían claro que su discoteca debía ser más que un lugar: debía ser una experiencia intensa, positiva y memorable. Nuestro papel fue darle forma a esa visión, creando un nombre, un logo, una identidad y una línea gráfica que transmitieran lo que se vive en su interior. Así nació FILIN, una palabra en inglés castellanizada que encapsula atracción, felicidad y diversión. La acompañamos con una propuesta visual en blanco y negro, elegante y creativa, que rompe con los códigos habituales del sector y conecta con un público que busca algo diferente. Un proyecto que nos enseñó que, cuando una marca logra emocionar, deja de ser un espacio para convertirse en un recuerdo.